Nota: Info sacada de https://diocesisvitoria.org/7-nuevos-canonigos-para-la-catedral-de-vitoria/
12/10/2026

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En la mañana del 12 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar, la Catedral de Vitoria ha acogido la toma de posesión y promesa de los 7 nuevos canónigos que desde hoy se suman al Cabildo Catedralicio tras 16 años sin nuevas incorporaciones en este gobierno de la sede episcopal de la Diócesis con sus dos catedrales –Santa María y María Inmaculada– al frente.
Así, estos nuevos colaboradores del Obispo para las principales celebraciones diocesanas serán Miguel Ángel Sáenz de Villaverde, José Luis Martínez, José Ángel Riofrancos, José Ignacio López de Maturana, Luis Alfonso de Blas, Manuel Gómez-Tavira y el Vicario General, Carlos García Llata.
A las 12:30h comenzaba el ritual litúrgico que certificaba estos nuevos ingresos al Cabildo en la que cada uno de los candidatos han prometido su nuevo cargo con la profesión de fe –rezando el Credo– y jurando su nueva responsabilidad sobre los Santos Evangelios. Ante un numeroso público y con el Coro Diocesano San Prudencio, los 7 nuevos canónigos han ocupado su nuevo lugar en la sillería de madera del altar mayor, flanqueando así la sede episcopal de Mons. Juan Carlos Elizalde.
Tras este primer momento que ha durado alrededor de 30 minutos, comenzaba la misa en la que ha destacado la homilía del Obispo de Vitoria y que aquí compartimos de manera íntegra.

HOMILÍA DEL OBISPO DE VITORIA
MONSEÑOR JUAN CARLOS ELIZALDE
CON MOTIVO DE LA TOMA DE POSESIÓN DE LOS
NUEVOS CANÓNIGOS DEL CABILDO DE LA CATEDRAL
La Iglesia Catedral tiene una misión singular como sede de la cátedra episcopal, signo de unidad de la Iglesia particular y ámbito privilegiado de sus celebraciones litúrgicas. Para fortalecer su inserción en la vida pastoral de la Diócesis, se renueva la composición del Cabildo de la Catedral de Santa María y de la Concatedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia.
Se incorporan, por una parte, a los párrocos de las comunidades parroquiales que conforman el entorno pastoral de la Iglesia Catedral, los párrocos del Arciprestazgo Centro, llamados a mantener con ella una especial vinculación y colaboración; y, por otra, a sacerdotes que, por los oficios que desempeñan en el gobierno y en la acción pastoral diocesana, puedan contribuir a reforzar la comunión del Cabildo con el ministerio episcopal y con el conjunto de la Iglesia diocesana.
Acaban de tomar posesión de la canonjía sentándose en los sítiales correspondientes D. Miguel Ángel Saenz de Villaverde, D. José Luis Martínez, D. José Ángel Riofrancos, D. José Ignacio Maturana, D. Luis Alfonso de Blas, D. Manuel Gómez Tavira y D. Carlos García Llata.
Un cabildo de canónigos es un colegio de sacerdotes, una fraternidad sacerdotal, al que corresponde celebrar las funciones litúrgicas más solemnes en la catedral o en la iglesia colegial. En este caso en la Catedral Santa María y en la Concatedral María Inmaculada Madre de la Iglesia.
El Cabildo cuida de la atención pastoral de los fieles que acuden a las celebraciones, atiende a los penitentes, se encarga de la fábrica de ambos templos y de sus bienes y archivos.
Compete además al cabildo cumplir aquellos oficios que el Obispo le encomiende para cubrir necesidades concretas de la Diócesis. El origen de los cabildos de canónigos se remonta a los siglos IV-V. Se establecen con el fin de que los sacerdotes seculares pudieran llevar una vida en común, al estilo de la vida monástica. Vivían bajo un canon, una regla de canónigos (regula canonicorum-reglas canónicas de donde derivó el nombre a canónigos), con obligaciones fijas de oración, refectorio y techo común.
En el siglo X decae la vida en común y el sínodo laterano de 1059 recomienda con gran interés la vida en común dando lugar a los canónigos regulares, que se obligan con votos a los consejos evangélicos, normalmente bajo la regla de San Agustín.
Los cabildos colegiales se encargaron de la cura de almas, de la enseñanza y de la atención social. Alcanzaron una notable independencia del obispo diocesano, lo que dio lugar a que fueran miembros de los cabildos parientes de los canónigos, que por lo general pertenecían a la nobleza, con las consiguientes tensiones con la curia y el obispo.
Esto traía a veces como consecuencia que se desatendieran las tareas eclesiales, por lo que el concilio de Trento recordó con fuerza las obligaciones de los cabildos y de sus miembros. Posteriormente los cabildos perdieron importancia y también su patrimonio. El Concilio Vaticano II sentó las bases de una renovación de los cabildos para que se acomodaran a las necesidades actuales.
Todo cabildo de canónigos debe tener sus propios estatutos, en los que se determine, al menos, la constitución del cabildo y el número de canónigos; los oficios del cabildo y de cada canónigo respecto al culto y cumplimiento de los demás ministerios; las reuniones y las condiciones para la validez de los actos; las insignias de los canónigos.
Nuestro Cabildo es consciente de la referencia de otros cabildos en la historia. El de Toledo por sus obras de caridad como la famosa institución de la “Limosna del Pan del Claustro”. Las panes se llamaban molletes y ahí queda como vestigio la Puerta del Mollete. El Cabildo de la catedral de Sevilla porque gestionó la construcción de la catedral gótica más grande del mundo y sirvió de modelo organizativo y jurídico para todas las catedrales de Hispanoamérica. El Cabildo de San Rufo de Aviñón (Francia), un hito clave en la evolución de la Iglesia en los siglos XI y XII. Fue el primer gran referente de los canónigos regulares (aquellos que, a diferencia de los seculares, decidieron vivir en comunidad bajo la Regla de San Agustín). Su modelo de disciplina clerical y vida común se exportó con enorme éxito por toda Europa occidental (incluyendo España e Italia), transformando la estructura interna de la Iglesia medieval.
El Cabildo de la Colegiata de San Isidoro de León por el culto permanente al Santísimo Sacramento, expuesto en adoración desde tiempo inmemorial. Los Cabildos de Roncesvalles o de Santiago de Compostela por su atención también en la actualidad a los peregrinos del Camino de Santiago.
Destaco el Cabildo de la Catedral de Pamplona –D. José Antonio Goñi es testigo hoy aquí– porque ha conseguido conservar en la historia prácticamente todas sus dependencias:
- La Canonjía o Canónica: Es el barrio, recinto o conjunto de viviendas de titularidad eclesiástica donde residían los canónigos. Originalmente, estos religiosos compartían una vida comunitaria estricta. Un ejemplo célebre de este tipo de arquitectura residencial es la histórica Casa de los Canónigos en el Barrio Gótico de Barcelona.
- El Refectorio y la Sillería: Habitaciones comunes situadas dentro de la canonjía tradicional. El refectorio funcionaba como el comedor común y la sillería hacía las veces de almacén o despensa para los suministros del cabildo.
- Sala Capitular: Es el espacio administrativo y de gobierno por excelencia. Ubicada usualmente junto al claustro de la catedral, es la estancia donde se reúnen en sesión capitular para debatir, tomar decisiones jurídicas y gestionar el patrimonio del templo.
- El Coro Capitular: Espacio situado en la nave central de la catedral donde se instalan las sillerías del coro. Allí se congregan diariamente para cumplir con una de sus funciones esenciales: el canto del Oficio divino y la asistencia coral solemne.
- El Claustro: Galería porticada que conecta las diferentes dependencias de la catedral. Para el cabildo, servía tanto de lugar para el recogimiento personal y la meditación como de escenario indispensable para el desarrollo de la liturgia procesional.
- Tribunas o Logias: En templos de gran envergadura existen estructuras elevadas específicas, como la famosa Tribuna de los Canónigos de la Catedral de Valencia, construida formalmente para que el cabildo pudiera presenciar celebraciones religiosas o civiles de carácter público a resguardo.
- Archivo y Biblioteca Capitular: Espacios dedicados al estudio y a la preservación del saber. Los canónigos, tradicionalmente dotados de un alto nivel cultural y formación jurídica, se encargaban (y se encargan en la actualidad) del cuidado, custodia y ordenación de estos fondos documentales e históricos.
Este Cabildo que ahora se renueva velará también por adecuar debidamente los nuevos espacios recién restaurados de esta Catedral y potenciará los espacios en uso de la Concatedral.
La renovación de nuestro Cabildo tiene lugar en el gran día de la Virgen del Pilar. “Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.” Aquí estamos, con Ella en su casa, queriendo ser la Iglesia que está tierra nuestra necesita. Y le hacemos en este día tres peticiones: fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. “Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.”
La fortaleza de la fe de María nos la señala san Juan en el momento de la crucifixión de Jesús con un verbo latino “STABAT” que no es solo estar, sino que significa “estar de pie”. Ese estar de pie junto a la cruz de su Hijo es fruto de la fe de la madre en el Hijo y en su mensaje. Para nosotros la fortaleza en la fe significa estar de pie junto a toda persona que quiere vivir su fe y junto,a toda persona vulnerable que necesita ayuda urgente, material y espiritual. Mientras se quiebra la transmisión de la fe por el impacto de una secularización tan terrible en esta tierra nuestra, esta fraternidad sacerdotal que es el cabildo es fortaleza en la fe.
Quiere ser un testimonio de fortaleza en la fe que desde la alabanza al Señor, como aquella mujer del evangelio, y desde la escucha de su palabra, comunica la fe con entusiasmo a los jóvenes y a todo el pueblo cristiano. Lo necesitamos con urgencia. Una fraternidad sacerdotal para mostrar la audacia de la fe y sus posibilidades increíbles.
En segundo lugar María es ejemplo de seguridad en la esperanza. María acompaña a su Hijo de manera callada. Acompaña a su Hijo en el momento en que toda esperanza acerca de su misión parece perdida. Y le acompaña hasta el final, cuando todos le abandonan, creyendo y esperando que la muerte no tendría la última palabra sobre el Hijo anunciado a ella de manera especial y que pasó su vida haciendo el bien. Necesitamos seguridad en la esperanza. La Esperanza gigantesca de aquellos testigos de la resurrección de Jesús.
Experiencia real, transformadora, movilizadora, generadora de inefable alegría, que impulsa a comunicar lo vivido y a afrontar con resistencia todas las dificultades. Necesitamos de una fraternidad sacerdotal que lidere nuestro proyecto vocacional “Centinelas de la mañana.” Sería apostar por la seguridad en la esperanza.
En tercer lugar María es ejemplo de constancia en el amor. En una Iglesia salpicada por el individualismo que nos envuelve, se necesita una fraternidad sacerdotal que asuma proyectos y sueños que superen las fronteras de la parroquia y de la pequeña comunidad. Una fraternidad que visibilice la constancia en el amor y dinamice el plan pastoral Surrexit como horizonte de acción que va más allá de las pequeñas iniciativas individuales.
Constancia en el amor que no depende de nuestros ánimos y desánimos sino que nos incorpora a la Iglesia grande de la Diócesis y a la Iglesia universal del papa León XIV por cuya salud pedimos con todo cariño.
Virgen Santa – Madre mía
luz hermosa – claro día
que la tierra – aragonesa
te dignaste visitar.
Este pueblo que te adora,
de tu amor favor implora
y te aclama y te bendice
abrazado a tu Pilar.
Pilar sagrado, faro esplendente,
rico presente de caridad.
Pilar bendito, trono de gloria,
tú a la victoria nos llevarás.
Cantad, cantad
himnos de honor y de alabanza
a la Virgen del Pilar.
+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria
En la Sede Episcopal de la Catedral de Santa María,
a 12 de octubre de 2026, festividad de la Virgen del Pilar.










